-Mitos cántabros

-Gracias al mecenazgo de algunos grandes magnates de Cantabria, hemos podido poblar una sección especial de nuestro Planeta Trántor con un amplio catálogo de seres pertenecientes a la mitología y leyenda cántabras:

-El ojáncano: Es el animal que encarna por excelencia los amplios mitos de cantabria.Los ojáncanos son quizás las criaturas más malvadas: son odio, ira y destrucción, de una fuerza inmensa. Su aspecto es tan terrible como su conducta. Tiene unas largas barbas y cabellera de color bermejo intenso. Posee un solo ojo en mitad de la frente. Se cuenta también que tiene un pelo blanco entre sus espesas barbas; este es su punto débil ya que si se le arranca este pelo, muere inmediatamente. La voz del ojáncano es a su vez muy terrible. Los ojáncanos se alimentan de bellotas, de las hojas de los acebos, de las ovejas y de las vacas que pastan por donde ellos viven. Una curiosidad es que cada mano y pié suyos poseen diez dedos en vez de cinco.Estas criaturas habitan en grutas profundas cuya entrada está siempre disimulada

-La anjana:La Anjana es un ser menudo, hermoso y bondadoso. Son unas hermosas ninfas que no miden más allá de medio metro, tienen los ojos rasgados y sus pupilas son azules o negras y brillantes como luceros, su mirada es serena y amorosa. Tiene unas largas trenzas rubias y se adorna la cabeza con una corona de flores. Su piel es muy blanca. Tiene una voz dulcísima y una pequeñas alitas casi transparentes. Viste una túnica blanca, lleva una vara de mimbre verde y una botellita con una bebida milagrosa que cura a los enfermos. Vive en grutas recónditas que son auténticos palacios con el suelo de oro y las paredes de plata. Vive cuatro siglos y puede hacerse invisible.


-El culebre; Son unos monstruos entre dragón y serpiente, que se llaman también cúlebres. Casi siempre guardan tesoros de los que escondieron los moros. Es muy difícil verlos, pues salen poco y nadie se atreve a internarse en sus guaridas. Se comen vacas enteras y una vez al año comen a una doncella.

-El musgosu:Nadie oye hablar, pero en los montes de Cantabria todo el mundo le respeta y le conoce. Es un hombre alto y delgado, de cara pálida, ojos pequeños y hundidos y barba negra muy larga. Viste una zamarra de musgo seco y sandalias de piel de lobo y en el zurrón lleva siempre una flauta. Siempre está caminando, muy lentamente, como si estuviera cansado, pero nunca se detiene.
A veces toca la flauta y, sin dejar de andar, interpreta dulces y a la vez tristes melodías.

-El trastolillo: Es el más conocido de entre todos los duendes que habitan las casas de Cantabria, aunque en algunos lugares se le conoce como Trasgu. Es un duende juguetón y atolondrado que constantemente está riéndose. Es pequeño y más negro que el hollín, con el pelo largo y del mismo color. Tiene carita de pícaro y unos ojillos muy verdes. Todas las cosas que suceden dentro de la casa y que son inexplicables tienen por autor al Trastolillo.

-El lantarón:
Es el Neptuno cántabro, el rey del mar que baña las costas de Cantabria. Tiene el cuerpo robusto y musculoso, la piel oscura, verdinegra como las algas y muy brillante, y unas manos fornidas y nudosas. Lantarón suele acercarse a tierra cuando la marea está baja y se queda inmóvil contemplando el vaivén de las olas. Sólo se alimenta de pulpos. Lleva en la mano una recia vara de saúco, árbol sagrado que junto con leche de sirena hace un brebaje que le otorga sus poderes sobrenaturales.

-El hombre pez:Hace muchos años, vivía en Liérganes un muchacho muy aficionado al agua pues le encantaba zambullirse en las aguas del río Miera. Tantas horas se pasó este mozo metido en el agua que un día se dio cuenta de que no necesitaba salir de nuevo a flote para poder respirar y animado ante este descubrimiento, siguió buceando y buceando hasta que, de pronto con que había llegado a la bahía de Santander. Tanto le impresionó que siguió explorando la nueva “tierra” que se abría ante él, desapareciendo en las profundidades marinas. Años más tarde. en lea bahía de Cádiz, encontraron unos pescadores un animal que surgía del agua tenía cabeza de hombre y el cuerpo blanco y cubierto de escamas. Le llevaron a un convento donde no conseguieron ninguna información, pues el hombre-pez ya no hablaba, y como echaba de menos el mar volvió a su medio.

-El roblón Según cuentan era un roble normal y corriente, aunque viejo, que tenía un enorme hueco en el tronco. Una tarde de tormenta se cobijó en el hueco de su tronco una bellísima muchacha, y ante la tibieza de aquél cuerpo y el aliento de aquella boca sonrosada, sintió como la savia le corría más rápido por el tronco hasta que acabó estrechando a la mocita en un abrazo mortal. El árbol absorbió la sustancia y los humores de aquel joven cuerpo y aquella nueva savia hizo crecer desmesuradamente al roble. De este modo el Roblón acabó teniendo un aspecto extrañísimo. De roble sólo le quedaban las mandíbulas y el corazón. En cuanto a los ojos, eran los de la muchachita, abrasados de dolor.

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